
Tomates, calabacines y pepinos son los reyes del huerto en verano. También, tres de los cultivos que más rápido se vienen abajo por un gesto tan común como mal entendido: regar “por arriba”, mojando hojas y tallos.
La escena se repite en muchos jardines: al caer la tarde, cuando baja el calor, manguera en mano y ducha general “como si fuera el cĂ©sped”. SegĂşn recogen medios franceses comoLe Tribunal du NetyReworld Media, ese alivio aparente puede abrir la puerta a enfermedades y pudriciones capaces de estropear la cosecha en pocos dĂas.
Por qué mojar las hojas pasa factura a estos tres cultivos
Sobre el papel suena lógico: la planta está acalorada y el agua la refresca. En la práctica, el agua sobre el follaje crea el escenario perfecto para los problemas: humedad retenida, menos ventilación y más posibilidades de que hongos y otras enfermedades se instalen.
El momento crĂtico llega al final del dĂa. Con el aire más fresco, esa humedad se queda pegada a las hojas durante horas. El resultado suele ser reconocible: manchas, zonas que se secan o se oscurecen, amarilleo, frenazo en el crecimiento y frutos que pierden calidad hasta acabar pudriĂ©ndose.
Lo más engañoso es que parece que lo estáis haciendo bien. Habéis regado, la tierra huele a húmedo y las hojas brillan. Pero esa “buena pinta” puede ser justo el inicio del problema.
El gesto que lo cambia todo: regar al pie, no en modo “lluvia”
Las dos fuentes coinciden en el mismo punto: el error es mojar el follaje. La alternativa es simple y efectiva: dirigir el agua al suelo, junto al pie de la planta, donde están las raĂces.
AsĂ conseguĂs dos cosas a la vez: hidratáis la zona que realmente absorbe el agua y evitáis que las hojas se queden mojadas. Un riego “en lluvia” lo empapa todo, incluido lo que no conviene,; un riego al pie alimenta la planta sin dejar una pelĂcula de humedad en el follaje.
os da más control. Es más fácil ver qué planta ha recibido agua de verdad y evitar excesos, que también pasan factura en pleno verano.
La trampa del riego al atardecer: cĂłmodo, pero a menudo mal hecho
Regar al final de la jornada encaja con la vida real: menos sol, menos calor y más tiempo despuĂ©s del trabajo. El problema no es la hora en sĂ, sino cĂłmo se riega.
Cuando el riego se convierte en una ducha general, tomates, calabacines y pepinos lo pagan. Si las hojas quedan mojadas y la noche refresca, la humedad se mantiene más tiempo y las enfermedades avanzan más rápido.
Por eso el huerto puede dar una falsa sensación de seguridad: parece “bien regado”, pero la planta se vuelve más vulnerable justo cuando empieza lo mejor de la temporada, con los frutos formándose.
Señales de alarma y cómo reaccionar antes de perder la cosecha
Si lleváis varios dĂas regando por encima, conviene vigilar algunos sĂntomas: hojas con manchas, bordes que se vuelven marrones, hojas lacias aunque el suelo estĂ© hĂşmedo y frutos que se estropean antes de tiempo.
La primera medida es inmediata y no cuesta dinero: dejad de mojar las hojas y volved al riego al pie. Con eso cortáis el factor que mantiene la humedad donde no interesa.
Y no tratĂ©is todo el huerto igual por inercia. Estos tres cultivos, tomate, calabacĂn y pepino, aparecen señalados como sensibles a este tipo de riego. Son, los más vistosos y productivos… y por eso mismo, los que más se riegan y antes se pueden debilitar.
Un recordatorio útil para el “huerto fácil” de verano
Regar parece lo más sencillo del huerto. Pero en verano, los errores se pagan rápido: el crecimiento se acelera, el calor aprieta y la humedad mal gestionada dispara los problemas.
La buena noticia es que la corrección está al alcance de cualquiera: cambiar el ángulo del chorro, apuntar al suelo y resistir la tentación de “refrescar” las hojas. Ese pequeño ajuste puede marcar la diferencia entre una cosecha abundante y una temporada frustrante.
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